miércoles, 21 de noviembre de 2012

Libros de publicación reciente

John Rodríguez Asti



Parker, Geoffrey y Martin, Colin, La Gran Armada, Editorial Planeta, Barcelona, 2011, 592pp., ilust., mapas.

El acreditado historiador Geoffrey Parker, y el arqueólogo submarino especializado en naufragios históricos Colin Martin, han presentado recientemente una nueva y revisada edición de su libro La Gran Armada, cuya primera edición en español fue originalmente publicada en 1988.

El valor de la obra escrita por Parker y Martin, se halla en la minuciosa investigación documental que han llevado a cabo a lo largo de trece años en diversos archivos de Europa y América, con documentos totalmente desconocidos hasta la fecha. Además, estos estudios se hallan adecuadamente complementados por un análisis efectuado a los pecios de ocho de las naves de la Armada española naufragadas en costas británicas e irlandesas durante su dificultosa travesía.

La campaña desarrollada por la Gran Armada en 1588 (también conocida como "Armada Invencible"), que se hallaba conformada por 130 naves -la mayor organización naval desplegada en la época- tuvo como objetivo principal de servir de apoyo para la invasión que Felipe II había planeado sobre Inglaterra. Para ello, la Armada, al mando del Duque Medina Sidonia, debía en primer lugar llegar a Calais (objetivo que fue alcanzado), para allí embarcar al ejército español al mando del Duque de Parma y proceder a la invasión de territorio inglés, cruzando el Canal de la Mancha.

El fracaso de esta expedición sobrevino cuando esto último no llegó a ocurrir, debido a la deficiente comunicacióny falta de coordinación entre la Armada y el ejército en tierra que los esperaba.Posteriormente, la verdadera catástrofe para la Armada, sobrevendría no tanto por los combates que se produjeron con los ingleses, sino más bien por los temporales que tuvieron que enfrentarlas naves españolas en su largo y tortuoso retorno rodeando las islas británicas e Irlanda.

Mucho se ha escrito acerca de la preparación de los marinos españoles, así como de la idoneidad de sus naves y táctica durante los combates producidos al cruzar el Canal de la Mancha. Con la investigación y argumentos que brindan los autores en su relato, queda claro que siendo el objetivo de la campaña, no el combatir a los ingleses, sino más bien, brindar protección al ejército de Flandes durante su desembarco en costas inglesas, su misión, por lo tanto, era de carácter defensiva y logística: embarcar el ejército, garantizar un paso seguro a través del Canal de la Mancha y desembarcarlo en las costas inglesas. Ello explica entonces, lo heterogéneo de las naves que conformaron la armada y sus tripulaciones: galeones, galeras mediterráneas, naves mercantes artilladas, naves para transporte, dotadas por marinos de diversa procedencia (españoles, portugueses, andaluces, etc.).

Además, el aprestamiento para el combate de sus tripulantes, era correspondiente al que los españoles se habían especializado y triunfado en el Mediterráneo, a tácticas y formaciones apropiadas para el combate entre galeras, entre las que el abordaje y el empleo de la artillería en acciones de corto alcance era lo más apropiado. En tal sentido, los ingleses, al enfrentar a la armada española en su tránsito por el canal inglés, pudieron sacar ventaja al enfrentar a los españoles en combates a mayor distancia y en los que la infantería española, preparada y dispuesta al abordaje, poco o nada tenía que hacer. Todo esto se halla bien explicado por los autores, y muy ilustrativa resulta la comparación que se hace respecto a la artillería que llevan a bordo naves inglesas y españolas, así como quienes dotan las respectivas naves. Mientras que los españoles cuentan con piezas poco adecuadas para ser empleadas a bordo por el tipo de cureña que tienen, pero más aptas para ser utilizadas en tierra, los ingleses cuentan con cureñas navalizadas, lo que les permite una mejor maniobra de recarga y mejor régimen de tiro. Por otro lado, mientras que las naves inglesas se hallaban con las dotaciones mínimas necesarias para su función de rechazar a la flota invasora en la mar, las naves españolas contaban con dotaciones más aptas para el abordaje y apoyo al ejército para el desembarco en territorio enemigo.

Sin lugar a dudas, este libro resulta ser imprescindible para conocer esta campaña que pudo haber cambiado el curso de la historia.


Jordan, John, Warships after Washington, Seaforth Publishing, Londres, 2012. 338pp., ilust., mapas.

La historiografía sobre temas de guerra naval en el siglo XX, mayormente se ha dedicado a estudiar las operaciones, estrategia, táctica, las naves y su tecnología. Pero un tema que ha recibido poca atención, salvo ciertos artículos publicados en revistas académicas, ha sido el relacionado a los tratados de limitaciones de armamento naval llevados a cabo en el periodo entre las dos guerras mundiales, vale decir, de 1919 a 1939, pese a que los mismos fueron determinantes en el diseño y desarrollo de los diferentes tipos de buques de guerra que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

En esta oportunidad, hemos tenido ocasión de revisar y leer el libro Warships after Washington del historiador y especialista en temas navales John Jordan, que por el título y el contenido de su obra, se constituye en el trabajo más completo y recientemente publicado sobre la Conferencia Naval de Washington de 1922.

Oficialmente denominada "International Conference on Naval Limitation", la Conferencia Naval de Washington y sus tratados complementarios, estuvo conformada por una serie de reuniones llevadas a cabo entre 1921 y 1922 en la ciudad de Washington, DC., cuyo propósito declarado fue frenar la escalada de construcción de buques que se había desatado entre el Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos, y como trasfondo, existió el interés por reducir el gasto involucrado de manera especial en economías seriamente afectadas por el enorme esfuerzo económico que dejó exhaustas las arcas fiscales, principalmente la británica.

El libro de Jordan, analiza precisamente los acuerdos alcanzados por EE.UU., Gran Bretaña, Japón, Italia y Francia, que luego de Versalles, conformaron el grupo de las naciones militarmente más poderosas del mundo en la década de los ’20. El resultado principal de estas negociaciones, fue el “Tratado de las cinco potencias” o “Tratado Naval de Washington”, documento que estableció límites en el tamaño total de las flotas navales en términos de tonelaje total por flota, así como en el tonelaje de los buques (total e individual), en el sitio de construcción y en las fortificaciones y bases navales. Por otra parte, se firmaron tratados adicionales que limitaban la presencia de Japón en China, así como se le reconoció al Japón la posesión de las islas y colonias alemanas en el Pacífico.

Lo interesante del trabajo, es que el autor, aparte de tratar las motivaciones e intereses políticos, económicos y diplomáticos involucrados en las negociaciones por parte de cada uno de los países participantes, analiza las repercusiones y consecuencias que lo acordado trajeron consigo en el campo de la tecnología y la táctica naval y su posterior influencia en la siguiente guerra desatada en 1939.
El autor, hace un detallado análisis país por país, de cada uno de los buques que fueron diseñados bajo los términos del Tratado de Washington, en el periodo 1922-1930, estableciendo las fortalezas y debilidades de cada uno de estos diseños, con lo que se puede hallar la explicación de su posterior performance durante la Segunda Guerra Mundial.

La información y análisis que el texto nos brinda, se halla profusamente complementado por tablas de referencia con las características de los buques mencionados a lo largo de la obra, así como diagramas detallados de los mismos. En suma, nos hallamos ante un trabajo largamente esperado, que llena un vacío en lo que a asuntos navales del periodo entre guerras refiere, y que brinda elementos para una mayor comprensión de lo sucedido en el plano tecnológico y táctico con los buques de guerra durante los combates y batallas navales ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial.



Duckers, Peter. The Crimean War at Sea: The Naval Campaigns Against Russia 1854-56. Seaforth Publishing, Londres, 2011, 224pp., ilust., mapas.

La Guerra de Crimea, ha sido una de las “pequeñas guerras” del siglo XIX, con mayor difusión, de manera especial en lo que a la campaña terrestre refiere. No obstante ello, es interesante notar que en lo relacionado al campo naval, el conflicto tuvo importantes repercusiones, tanto en el plano tecnológico, como en el plano táctico. En los tres años que duró el conflicto, fueron puestos a prueba los adelantos tecnológicos surgidos a principios del siglo XIX, como consecuencia de la Revolución Industrial. Hicieron su debut en campaña, buques de transporte y navíos de madera propulsados a vapor, proyectiles explosivos y aparecieron por vez primera, blindajes de hierro, con lo que se daría inicio a los que se ha denominado la carrera artillería vs. coraza.

Durante la guerra, tempranamente quedó claro la inutilidad de los buques de madera frente a los proyectiles explosivos recientemente introducidos, así como también su poca idoneidad para operaciones eminentemente costeras. El bombardeo aliado a los fuertes rusos de Sebastopol, fue el episodio que dejó en claro la necesidad de idear un medio de protección a los buques de madera para hacerlo menos vulnerables a los proyectiles explosivos. De allí surgió la idea de los franceses, seguida pronto por los británicos, de proteger a sus buques con blindajes de hierro, hecho que demostró plenamente su validez en el bombardeo a Kinburn llevado a cabo un año después. Surgieron así los primeros buques blindados, encarnados en las tres baterías francesas de la clase Tonnante, naves que darían inicio a una nueva era y un nuevo tipo de buque de guerra.

El autor presenta los antecedentes del conflicto, la conformación de las armadas contendientes, para luego efectuar un recuento de las principales acciones navales acontecidas en los teatros de guerra del Báltico, en el Mar Negro (con especial énfasis en la invasión de la Península de Crimea) las operaciones en el Mar Blanco, las operaciones en el Pacífico, y en el Mar de Azov. Una de las cosas que el libro se encarga de aclarar, es la manera de cómo mientras la campaña terrestre se halla llena de dificultades y fracasos, la campaña en el mar, cuyo esfuerzo principal se concentró en el Mar Negro para conquistar Crimea, tuvo mayor éxito, por un empleo adecuado de los medios navales, en operaciones navales que incluyeron el bloqueo y bombardeo de la costa y puertos fortificados del enemigo, guerra de corso contra sus rutas comerciales, entre otras.

Acompañan al texto varios apéndices, entre ellos, las naves integrantes de la flota británica en agosto de 1853; las flotas enfrentadas durante el ataque ruso a Sinope el 30 de noviembre de 1853; los buques de la Flota del Mar Negro en Sebastopol, 1854, los buques de guerra rusos en el Mar Báltico; los buques de guerra británicos destinados a la campaña del Báltico en 1854; los principales buques de guerra aliados en el Mar Báltico en 1855; los buques de guerra británicos que operaron en el Mar Negro en 1854; los buques británicos que participaron en el bombardeo de Sebastopol y las bajas de la misma nacionalidad del 17 de octubre de 1854.

A lo largo del libro, se puede apreciar que la escala e intensidad de las operaciones navales llevadas a cabo durante la guerra son impresionantes, pese a lo cual, la historiografía generalmente las ha pasado por alto. En esto y en el análisis de las operaciones desarrolladas, se halla el aporte de este importante libro, imprescindible para tener una visión acerca de la contribución del poder naval en la victoria aliada durante la Guerra de Crimea.

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